Del 20 al 23 de abril del 2018

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Algo de historia

El 23 de abril de 1616 fallecieron los grandes escritores de la literatura universal Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. La fecha corresponde a distintos calendarios, el gregoriano para Cervantes, representante de la lengua española, y el juliano para Shakespeare, el gran exponente de la literatura inglesa. También en ese día murió el Inca Garcilaso de la Vega, el primer gran escritor mestizo y latinoamericano. Eso llevó a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura a elegir precisamente el 23 de abril como “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor” para conmemorar la cultura del libro, el fomento de la lectura y la protección del derecho de autor.

Sin embargo, quienes propusieron al 23 de abril como fecha de celebración del libro se fijaron en una vieja tradición de Cataluña, España, donde se festejaba el día de San Jorge regalando una rosa y un libro.

En efecto, en la Capadocia ibérica existe una leyenda de un dragón al que los pobladores lograron aplacar entregándole cada día una persona para que la devorara. Era un mal menor al de ver desatada la furia del animal que produciría de manera desenfrenada muerte y destrucción. La persona infortunada se escogía mediante sorteo sin importar que su origen fuera noble o plebeyo; y sucedió un día que le tocó el turno a la princesa. Muchos se ofrecieron para cambiarle el lugar pero la princesa no dudó en seguir su destino y fue a la cueva del dragón. Cuentan que al estar a punto de matarla, San Jorge se apareció y mató al dragón.

El corazón del dragón fue traspasado por una espada, aunque algunas versiones hablan de una lanza, y la sangre que manó se convirtió en rosales y desde entonces los hombres en Cataluña entregaron el día de San Jorge una rosa a sus esposas o novias en señal de renovación de su amor. Las mujeres, siempre más sabias, comenzaron a entregaron a cambio un libro, porque en ellos se escribió la historia de la princesa. Y al pasar de los años el intercambio de libros y rosas fue mutuo; y se extendió a los familiares, a los amigos y a los vecinos.

La fiesta del libro es una fiesta mundial y en nuestro país no existe un mejor lugar para celebrarla que la Universidad Nacional Autónoma de México, que es el sello editorial más importante de Hispanoamérica y que, además, resguarda en la Biblioteca Nacional y en su sistema de bibliotecas el patrimonio escrito del país. En 2007 la UNAM celebró por primera vez el Día Mundial del Libro con una sesión de conferencias en las instalaciones del Instituto de Investigaciones Sociales y del Instituto de Investigaciones Históricas. A partir de 2008 se ha celebrado la Fiesta del Libro y la Rosa, por iniciativa de Javier Martínez Ramírez, a la sazón secretario técnico de finanzas y administración de la Coordinación de Difusión Cultural, en la que toda la oferta cultural de la UNAM participa.

Por eso, los investigadores, profesores y trabajadores universitarios, pero en particular los estudiantes de todas las carreras, que tienen muchas lecturas a lo largo de sus cursos, se regalan, junto con una rosa, libros de ensayo, de literatura, de arte, porque los libros dan cultura y recreación. Los universitarios entregamos libros en un acto amistoso lleno de esperanza de que mueva a quienes lo reciben a regalar a su vez más libros. Con esto construimos juntos, desde la Universidad, un círculo virtuoso de lectura.

Dar una rosa por un libro tiene un enorme simbolismo. La rosa está asociada al misterio y a lo laberíntico por la forma de sus pétalos; y el laberinto, para la cultura medieval, era el símbolo del camino de iniciación, la vía que los aprendices recorrían para adquirir sabiduría. Por eso, Umberto Eco hace una analogía entre el laberinto y la biblioteca en su novela El nombre de la rosa. Sólo quien transita una biblioteca llega a ser sabio. El canje entre libros y rosas es, pues, la ofrenda mutua del saber, del conocimiento.

En el cuento de Jorge Luis Borges “La rosa de Paracelso” un aspirante a discípulo le pide al gran alquimista, como prueba de su sapiencia, arrojar una rosa al fuego y restaurarla de sus cenizas. Paracelso se niega a tal prodigio diciendo: «Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo».

Cuando se añadió a la rosa un libro se combinaron los símbolos de misticismo y conocimiento, del sentir y del saber. No por nada Emma Godoy escribió en El misterio está en la rosa que la mejor universidad es la biblioteca. Nuestra Universidad Nacional Autónoma de México es una enorme biblioteca, una comunidad de lectura y escritura que celebra al libro y con ello celebra su esencia y modo de ser.

Hoy regalamos libros en papel a nuestros seres queridos, pero quizá haya quien en estas fiestas de San Jorge o Sant Jordi regale libros electrónicos. Sin embargo, podemos decir que como la rosa de Paracelso, como la rosa de Borges, el libro es eterno y sólo su apariencia puede cambiar.

Camilo Ayala Ochoa